El Niño de las Mil Cosquillas

 

 

 

 

EL NIÑO DE LAS MIL COSQUILLAS  

 

Valor Educativo: Tolerancia, Aceptación.

Idea y Enseñanza principal: Todo lo que nos hace diferentes nos hace a la vez especiales, y siempre hay formas de aprovechar esos dones.

 

Pepito Chispiñas era un niño tan sensible, tan sensible, que tenía cosquillas en el pelo. Bastaba con tocarle un poco la cabeza, y se rompía de la risa. Y cuando le daba esa risa de cosquillas, no había quien le hiciera parar. Así que Pepito creció acostumbrado a situaciones raras: cuando venían a casa las amigas de su abuela, siempre terminaba desternillado de risa, porque no faltaba una viejecita que le tocase el pelo diciendo «qué majo». Y los días de viento eran la monda, Pepito por el suelo de la risa en cuanto el viento movía su melena, que era bastante larga porque en la peluquería no costaba nada que se riera sin parar, pero lo de cortarle el pelo, no había quien pudiera.


Verle reír era, además de divertidísimo, tremendamente contagioso, y en cuanto Pepito empezaba con sus cosquillas, todos acababan riendo sin parar, y había que interrumpir cualquier cosa que estuvieran haciendo. Así que, según se iba haciendo más mayor, empezaron a no dejarle entrar en muchos sitios, porque había muchas cosas serias que no se podían estropear con un montón de risas. Pepito hizo de todo para controlar sus cosquillas: llevó mil sombreros distintos, utilizó lacas y gominas ultra fuertes, se rapó la cabeza e incluso hizo un curso de yoga para ver si podía aguantar las cosquillas relajándose al máximo, pero nada, era imposible. Y deseaba con todas sus fuerzas ser un chico normal, así que empezó a sentirse triste y desgraciado por ser diferente.


Hasta que un día en la calle conoció un payaso especial. Era muy viejecito, y ya casi no podía ni andar, pero cuando le vio triste y llorando, se acercó a Pepito para hacerle reír. No le tardó mucho en hacer que Pepito se riera, y empezaron a hablar. Pepito le contó su problema con las cosquillas, y le preguntó cómo era posible que un hombre tan anciano siguiera haciendo de payaso.


– No tengo quien me sustituya- dijo él, – y tengo un trabajo muy serio que hacer.


Pepito le miró extrañado; «¿serio?, ¿un payaso?», pensaba tratando de entender. Y el payaso le dijo:

– Ven, voy a enseñártelo.


Entonces el payaso le llevó a recorrer la ciudad, parando en muchos hospitales, casas de acogida, albergues, colegios… Todos estaban llenos de niños enfermos o sin padres, con problemas muy serios, pero en cuanto veían aparecer al payaso, sus caras cambiaban por completo y se iluminaban con una sonrisa. Su ratito de risas junto al payaso lo cambiaba todo, pero aquel día fue aún más especial, porque en cada parada las cosquillas de Pepito terminaron apareciendo, y su risa contagiosa acabó con todos los niños por los suelos, muertos de risa.


Cuando acabaron su visita, el anciano payaso le dijo, guiñándole un ojo.


– ¿Ves ahora qué trabajo tan serio? Por eso no puedo retirarme, aunque sea tan viejito.


– Es verdad -respondió Pepito con una sonrisa, devolviéndole el guiño- no podría hacerlo cualquiera, habría que tener un don especial para la risa. Y eso es tan difícil de encontrar… -dijo Pepito, justo antes de que el viento despertara sus cosquillas y sus risas.


Y así, Pepito se convirtió en payaso, sustituyendo a aquel anciano tan excepcional, y cada día se alegraba de ser diferente, gracias a su don especial.

EL ARMARIO DE LA LIMPIEZA

 

 

 

Valores: trabajo en equipo, empatía.

 

 

En la casa de los señores Fernández hay un cuarto, dentro de ese cuarto un armario y dentro de ese armario una multitud de cosas para limpiar. Sí, sí, estamos hablando del cuarto de la limpieza. En ese gran armario azul hay una escoba, un recogedor, hay estropajos, hay botes de productos para la limpieza, hay trapos, hay un cubo,  una fregona y muchas cosas más.

 

Es un armario tan especial que sus objetos tienen vida. Pero no digas nada, pero debes saber que cuando su dueño o dueña los llama salen a trabajar por la casa. Todos los domingos salen a hacer su actividad de la limpieza cuando les organizan las tareas los señores. Pero un día algo cambió por lo que sucedió a primera hora de la mañana.

– Buahhh, buahhhh, lo siento chicos. No puedo más -dijo la fregona.

– ¿Qué te pasa? -dijo asustado el limpiacristales.

– Me siento discriminada, estoy muy cansada al final vosotros trabajáis un día a la semana pero yo cada vez que pasa algo, me sacan a trabajar. Si cae algo de aceite al suelo, la fregona, si mancha el niño algo en la habitación llaman a la fregona, si se moja el suelo con el agua de la ducha, la fregona.

– Menuda tontería -gritó la escoba- ¡Qué ibas a ser tú sin mí! No puedes hacer nada sin haber recogido yo antes.

– Claro, claro y ¿sin mí? -dijo el recogedor-. No podríais hacer nada ninguno.

– Bueno, ¿para qué nos sirve enfadarnos así? Se van a molestar los señores.

– Buah, buahhh -seguía llorando la fregona-. Haced lo que querías, yo hoy no voy a trabajar.

Hubo un revuelo en el armario, algunos objetos se escondieron, otros salieron a hacer su trabajo. Cuando el señor Fernández recorrió la casa se dio cuenta de que las cosas no estaban como otras veces. Hablo con la señora Fernández y los dos se pusieron delante del armario.

Nada más abrir la fregona pegó un gritito y los señores le dijeron:

– ¿Qué pasa hoy fregona?

No le dio tiempo a contestar, se armó un gran revuelo y todos querían contestar a los señores, unos para dar explicaciones, otros para disculparse y otros para mostrar su enfado por los que no limpiaron.

Cuando el señor Fernández se cansó les dijo solo unas palabras:

– Chicos y chicas, al final os ha pasado lo que nos pasa muchas veces a los seres humanos. Qué hemos dejado de lado que como mejor trabajamos y convivimos es cuando trabajamos en equipo y sabemos apreciar el trabajo de los demás. Entiendo que no todos tenéis las mismas funciones y que tu fregona, puedes estar cansada. Nosotros agradecemos mucho tu trabajo y espero que tus compañeros en vez de atacarte entiendan lo que dices. No pasa nada, cuando trabajamos en equipo es bueno que nos comuniquemos y si hoy necesitas descansar no pasa nada.
Parece que todos los utensilios del armario se quedaron escuchando y parecían más tranquilos.

– ¿Os puedo pedir que os deis un abrazo? -dijo la Señora Fernández
Y todos los miembros del armario azul decidieron tranquilizarse y volver a ser lo que habían sido siempre un equipo. Se dieron un fuerte choque entre todos y se propusieron el próximo domingo limpiar juntos mejor que nunca.

 

LA EXTRAÑA PAJARERÍA

LA EXTRAÑA PAJARERÍA
Valor Educativo: La Confianza

 

Idea y Enseñanza principal: la importancia de confiar en nosotros mismos para alcanzar nuestras metas.

 

El señor Pajarian era un hombrecillo de cara simpática y sonriente que tenía una tienda de pajaritos. Era una pajarería muy especial, en la que todas las aves caminaban sueltas por cualquier lado sin escaparse, y los niños disfrutaban sus colores y sus cantos. Tratando de saber cómo lo conseguía, el pequeño Nico se ocultó un día en una esquina de la tienda. Estuvo escondido hasta la hora del cierre, y luego siguió al pajarero hasta la trastienda.

Allí pudo ver cientos de huevos agrupados en pequeñas jaulas, cuidadosamente conservados. El señor Pajarian llegó hasta un grupito en el que los huevecillos comenzaban a moverse; no tardaron en abrirse, y de cada uno de ellos surgió un precioso ruiseñor.

Fue algo emocionante, Nico estaba como hechizado, pero entonces oyó la voz del señor Pajarian. Hablaba con cierto enfado y desprecio, y lo hacía dirigiéndose a los recién nacidos: «¡Ay, miserables pollos cantores… ni siquiera volar sabéis, menos mal que algo cantaréis aquí en la tienda!»- Repitió lo mismo muchas veces. Y al terminar, tomó los ruiseñores y los introdujo en una jaula estrecha y alargada, en la que sólo podían moverse hacia adelante.
A continuación, sacó un grupito de petirrojos de una de sus jaulas alargadas. Los petirrojos, más creciditos, estaban en edad de echar a volar, y en cuanto se vieron libres, se pusieron a intentarlo. Sin embargo, el señor Pajarian había colocado un cristal suspendido a pocos centímetros de sus cabecitas, y todos los que pretendían volar se golpeaban en la cabeza y caían sobre la mesa. «¿Veis los que os dije?» -repetía- » sólo sois unos pobres pollos que no pueden volar. Mejor será que os dediquéis a cantar»…

El mismo trato se repitió de jaula en jaula, de pajarito en pajarito, hasta llegar a los mayores. El pajarero ni siquiera tuvo que hablarles: en su mirada triste y su andar torpe se notaba que estaban convencidos de no ser más que pollos cantores. Nico dejó escapar una lagrimita pensando en todas las veces que había disfrutado visitando la pajarería. Y se quedó allí escondido, esperando que el señor Pajarian se marchara.

Esa noche, Nico no dejó de animar a los pajaritos. «¡Claro que podéis volar! ¡Sois pájaros! ¡Y sois estupendos! «, decía una y otra vez. Pero sólo recibió miradas tristes y resignadas, y algún que otro bello canto.
Nico no se dio por vencido, y la noche siguiente, y muchas otras más, volvió a esconderse para animar el espíritu de aquellos pobre pajarillos. Les hablaba, les cantaba, les silbaba, y les enseñaba innumerables libros y dibujos de pájaros voladores «¡Ánimo, pequeños, seguro que podéis! ¡Nunca habéis sido pollos torpes!», seguía diciendo.

Finalmente, mirando una de aquellas láminas, un pequeño canario se convenció de que él no podía ser un pollo. Y tras unos pocos intentos, consiguió levantar el vuelo… ¡Aquella misma noche, cientos de pájaros se animaron a volar por vez primera! Y a la mañana siguiente, la tienda se convirtió en un caos de plumas y cantos alegres que duró tan sólo unos minutos: los que tardaron los pajarillos en escapar de allí.

Cuentan que después de aquello, a menudo podía verse a Nico rodeado de pájaros, y que sus agradecidos amiguitos nunca dejaron de acudir a animarle con sus alegres cantos cada vez que el niño se sintió triste o desgraciado.

El Castigo Más Tonto

El Castigo Más Tonto

Hubo una vez un rey que quedó huérfano siendo niño y creció rodeado de militares y consejeros que hicieron de él un rey poderoso y sabio, pero insensible. Por eso se cansaba cuando la gente hablaba con pasión de sus madres. Y a tal punto llegó su enfado que decidió darles todo el poder.

Pues si tan buenas son las madres en todo, que gobiernen ellas. A ver cómo lo hacen.

La noticia fue recibida con gran alegría por todo el mundo, pero resultó ser un fracaso estrepitoso. Las cosas iban tan mal que el rey tuvo que recobrar el mando al poco tiempo. Y cuando pidió a sus consejeros que averiguasen qué había fallado, estos concluyeron que las madres siempre habían dado más importancia a los problemas de sus propios hijos que a los del reino. Y así, llegaban tarde a importantes reuniones cuando sus hijos estaban enfermos, aplazaban los juicios para acudir a recogerlos al colegio, y mil cosas más.

Al oírlo, el rey se puso tan furioso que castigó con el destierro a todas las madres del reino.

 La que quiera seguir haciendo de madre, que se vaya.

Y no se quedó ni una.

Poco después, a pesar de su vuelta al gobierno, el reino iba aún peor. Preguntó de nuevo a sus consejeros y estos, tras estudiar el asunto, respondieron:

 La falta de madres ha creado un enorme problema de nutrición que está hundiendo al reino. Eran ellas las que hacían la comida.

– De acuerdo, Contratad un ejército de cocineros – dijo el rey.

Pero tras contratar miles de cocineros, las cosas no mejoraron. Esta vez los sabios encontraron una nueva razón para el desastre:

– La falta de madres ha creado un enorme problema de higiene que está hundiendo al reino. Eran ellas las que limpiaban.

– No hay problema ¡Contratad un ejército de mayordomos! – respondió el rey, muy irritado.

Pero tras contratar a los mayordomos, las cosas siguieron igual. Una vez más los sabios creyeron encontrar la causa:

 La falta de madres ha creado un enorme problema de salud que está hundiendo al reino. Eran ellas las que curaban las pequeñas heridas y ahora todas se infectan y se vuelven graves.

– ¡¡Pues contratad un ejército de enfermeros!! – gritó furioso el rey.

Pero los miles de enfermeros contratados no mejoraron nada. Y tampoco los economistas, sastres o decoradores. Ni siquiera el descubrimiento de grandes minas de oro que permitieron al rey contratar cuantas personas quiso. No encontraba la forma de sustituir totalmente a las madres.

Hasta que un día, mientras paseaba, vio discutir a unos niños. Los había visto jugar mil veces como amigos, pero ahora discutían con tanta ira y desprecio que el rey se acercó para calmarlos.

– Tranquilos, chicos. Los amigos deben tratarse con más cariño ¿Es que por una sola pelea vais a dejar de quereros?

Los niños, avergonzados, detuvieron la pelea y se marcharon cabizbajos. Mientras se alejaban, el rey les oyó susurrar.

– Oye, ¿tú sabes qué es eso de quererse? – dijo uno.
– Sí, claro, es un invento muy moderno de un amigo de mi abuelo – respondió el otro haciéndose el experto – Nos lo enseñarán en la escuela dentro de un par de años.

El rey lo comprendió todo en un instante. Ahí estaban todos los problemas del reino: ¡nadie estaba enseñando a los niños lo que eran el amor y el cariño! Entonces pensó en quién contratar para hacer esa labor, pero no encontró a nadie: era algo que siempre habían enseñado las madres, y en eso nadie podría sustituirlas.

Y arrepentido por su injusticia y dureza de corazón, mandó buscar y contratar a todas las madres que había expulsado, pagándoles un altísimo salario solo por hacer de madres. Y en poco tiempo el reino resolvió sus problemas y superó ampliamente su antigua prosperidad.

Pero algunos tampoco tardaron tiempo en protestar al rey por estar pagando un salario a quienes harían gratis su trabajo de madres. Y el rey, para refrescarles a todos la memoria, decidió retirar su rostro de todas las monedas del reino, y sustituirlo por la imagen de una madre con su hijo, y una inscripción que decía:

“Ni este ni ningún reino serían nada sin el amor de sus madres.”

El Orgullo de ser Ratón de Campo

El Orgullo de ser Ratón de Campo

Valor: La Autoestima.

La señora Guadalupe tenía un hermoso gato gris con largos bigotes. Los días de invierno el animalito se tendía al pie de una ventana a tomar el sol. Era tan viejo que ya no cazaba ratones, pero los mantenía a raya con solo abrir un ojo.

Fuera de casa, en la leñera, se refugiaban siete ratoncitos de campo. A menudo se peleaban por las remolachas del huerto y por ponerse la única corbata que tenían.

Lupín era el más valiente; no temía la mirada del gato de Guadalupe. Solo le espantaban esas peleas entre los suyos.

Un día, mientras la señora salía a buscar leña y el gato tenía los ojos cerrados, Lupín se coló en la casa. Guiado por su olfato, fue a esconderse en la despensa tras un queso parmesano tan grande como una rueda de coche.

Lo probó, estaba muy bueno “Con este queso mis hermanos y yo tendremos comida para todo el invierno”, pensó. La vida allí le pareció muy cómoda, tenían que comer y no se pasaba frío.

El gato seguía durmiendo enroscado junto al fuego. Lupín volvió a la leñera. Contó a los suyos el tesoro que había encontrado y los animó a pasar allí el invierno.

¿Y si nos pilla el gato?, preguntó uno.

¿El gato? Es más lento que la señora Guadalupe. Además, es capaz de abrir un ojo pero no sacar las uñas, contestó Lupín.

Finalmente, escondidos en el cesto donde Guadalupe llevaba la leña, se colaron en la casa, cavaron una galería dentro del queso y se refugiaron dentro. Una araña amiga tendió delante su red para que el gato no metiera allí los bigotes.

Pero entonces saltó la sorpresa. El ratoncito más pequeño no quiso quedarse.

Yo soy un ratón de campo, dijo. No me encierro en una prisión aunque tenga paredes de queso.

 

 

 

 

 

El orgullo puede ser dañino, cuando no somos humildes.

  Pero también hay un orgullo bueno;

 Que se llama AUTOESTIMA.

Carrera de Zapatillas

Carrera de Zapatillas

 Alejandra Bernardis Alcain.

Valor: La amistad

Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos junto al lago.

También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan presumida que no quería ser amiga de los demás animales. Comenzó a burlarse de sus amigos:

  – Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta.

– Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo.

– Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga.

Y entonces, llegó la hora de la largada.

El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y rojas. La cebra, unas rosadas con moños muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas verdes con lunares anaranjados.

La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes. Y cuando estaban a punto de comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada.

Es que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas!   – Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude! – gritó la jirafa.

Y todos los animales se quedaron mirándola. Pero el zorro fue a hablar con ella y le dijo:

– Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos cuando lo necesitamos.

Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Y vinieron las hormigas, que rápidamente treparon por sus zapatillas para atarle los cordones.

Y por fin se pusieron todos los animales en la línea de partida. En sus marcas, preparados, listos, ¡YA!

Cuando terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que además había aprendido lo que significaba la amistad.

Si quieres tener muchos amigos, acéptalos como son.

Todos Somos Diferentes.

 

Valor: El Respeto

Cuenta una historia que varios animales decidieron abrir una escuela en el bosque. Se reunieron y empezaron a elegir las disciplinas que serían impartidas durante el curso. El pájaro insistió en que la escuela tuviera un curso de vuelo.

El pez, que la natación fuera también incluida en el currículo. La ardilla creía que la enseñanza de subir en perpendicular en los árboles era fundamental. El conejo quería, de todas formas, que la carrera fuera también incluida en el programa de disciplinas de la escuela.

Y así siguieron los demás animales, sin saber que cometían un gran error. Todas las sugerencias fueron consideradas y aprobadas. Era obligatorio que todos los animales practicasen todas las disciplinas.

Al día siguiente, empezaron a poner en práctica el programa de estudios. Al principio, el conejo salió magníficamente en la carrera; nadie corría con tanta velocidad como él.

Sin embargo, las dificultades y los problemas empezaron cuando el conejo se puso a aprender a volar. Lo pusieron en una rama de un árbol, y le ordenaron que saltara y volara.

El conejo saltó desde arriba, y el golpe fue tan grande que se rompió las dos piernas. No aprendió a volar y, además, no pudo seguir corriendo como antes.

Al pájaro, que volaba y volaba como nadie, le obligaron a excavar agujeros como a un topo, pero claro, no lo consiguió.

Por el inmenso esfuerzo que tuvo que hacer, acabó rompiendo su pico y sus alas, quedando muchos días sin poder volar. Todo por intentar hacer lo mismo que un topo.

La misma situación fue vivida por un pez, una ardilla y un perro que no pudieron volar, saliendo todos heridos. Al final, la escuela tuvo que cerrar sus puertas.

¿Y saben por qué? Porque los animales llegaron a la conclusión de que todos somos diferentes. Cada uno tiene sus virtudes y también sus debilidades.

Un gato jamás ladrará como un perro, o nadará como un pez. No podemos obligar a que los demás sean, piensen, y hagan algunas cosas como nosotros. Lo que vamos conseguir con eso es que ellos sufran por no conseguir hacer algo de igual manera que nosotros, y por no hacer lo que realmente les gusta.

Debemos respetar las opiniones de los demás, así como sus capacidades y limitaciones. Si alguien es distinto a nosotros, no quiere decir que él sea mejor ni peor que nosotros. Es apenas alguien diferente a quien debemos respetar.

Las Flechas del Guerrero

Las Flechas del Guerrero

Pedro Pablo Sacristán

Valor: La Paz.

De todos los guerreros al servicio del malvado Morlán, Jero era el más fiero, y el más cruel. Sus ojos descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco y sus flechas se encargaban de ejecutarlos.

Cierto día, saqueando un gran palacio, el guerrero encontró unas flechas rápidas y brillantes que habían pertenecido a la princesa del lugar, y no dudó en guardarlas para alguna ocasión especial.

En cuanto aquellas flechas se unieron al resto de armas de Jero, y conocieron su terrible crueldad, protestaron y se lamentaron amargamente. Ellas, acostumbradas a los juegos de la princesa, no estaban dispuestas a matar a nadie. ¡No hay nada que hacer! – dijeron las demás flechas -. Os tocará asesinar a algún pobre viajero, herir de muerte a un caballo o cualquier otra cosa, pero ni soñéis con volver a vuestra antigua vida… Algo se nos ocurrirá- respondieron las recién llegadas.

Pero el arquero jamás se separaba de su arco y sus flechas, y éstas pudieron conocer de cerca la terrorífica vida de Jero. Tanto viajaron a su lado, que descubrieron la tristeza y la desgana en los ojos del guerrero, hasta comprender que aquel despiadado luchador jamás había visto otra cosa.

Pasado el tiempo, el arquero recibió la misión de acabar con la hija del rey, Jero pensó que aquella ocasión bien merecía gastar una de sus flechas. Se preparó como siempre: se ocultó entre las matas, sus ojos fijos en la víctima, el arco tenso, la flecha a punto, esperar el momento justo y .. ¡soltar!

Pero la flecha no atravesó el corazón de la bella joven. En su lugar, hizo un extraño, lento y majestuoso vuelo, y fue a clavarse junto a unos lirios de increíble belleza. Jero, extrañado, se acercó y recogió la atontada flecha. Pero al hacerlo, no pudo dejar de ver la delicadísima y bella flor, y sintió que nunca antes había visto nada tan hermoso…

Unos minutos después, volvía a mirar a su víctima, a cargar una nueva flecha y a tensar el arco. Pero nuevamente erró el tiro, y tras otro extraño vuelo, la flecha brillante fue a parar a un árbol, justo en un punto desde el que Jero pudo escuchar los más frescos y alegres cantos de un grupo de pajarillos…

Y así, una tras otra, las brillantes flechas fallaron sus tiros para ir mostrando al guerrero los pequeños detalles que llenan de belleza el mundo. Flecha a flecha, sus ojos y su mente de cazador se fueron transformando, hasta que la última flecha fue a parar a sólo unos metros de distancia de la joven, desde donde Jero pudo observar su belleza, la misma que él mismo estaba a punto de destruir.

Entonces el guerrero despertó de su pesadilla de muerte y destrucción, deseoso de cambiarla por un sueño de belleza y armonía. Y después de acabar con las maldades de Morlán, abandonó para siempre su vida de asesino y dedicó todo su esfuerzo a proteger la vida y todo aquello que valiera la pena.

Sólo conservó el arco y sus flechas brillantes, las que siempre sabían mostrarle el mejor lugar hacia donde mirar.

El peligroso viaje de Bruno

Valor: La sinceridad.

Enrique Trujillo

En el fondo del océano, vivía una familia de pececillos multicolores. Un día, la comunidad de peces debía emprender un largo viaje en busca de alimento y de mejores climas. Como el viaje sería extenso, cada pececillo joven había recibido de sus padres un mapa del océano dibujado en una concha de colores. Así, si alguno se alejaba del grupo, podría encontrar la ruta con ayuda del mapa.
Sin embargo, entre los pececitos más jóvenes estaba Bruno, un travieso bailarín del mar que sólo pensaba en divertirse.
-Oye mamá, ¿Sabes qué cosa es verde y dice “soy una rana”?
-Deja tus bromas y prepárate para el viaje -contestaba Lana.
-¡Pues una rana que habla! ¡Ja,ja,ja!
En una de sus imprudentes salidas, Bruno fue atacado por un feo cangrejo gigante. Se salvó de milagro gracias a su agilidad pero ¡Santo cielo! Había perdido su mapa y ahora no tenía cómo orientarse si se perdía en el océano. Llegado el momento, toda la comunidad de peces estaba lista para emprender el viaje.
-¿Llevas tu mapa, pequeño? -Preguntaba Lana a su hijo.
-¡Claro mamá! No me perderé por nada del mundo. -Contestaba Bruno tratando de fingir tranquilidad pues sentía vergüenza y no se atrevía a ser sincero. Apenas había empezado el recorrido cuando estuvieron que atravesar una corriente de agua oscura y sin poder ver nada, Bruno descubrió que estaba totalmente solo.
-¿Dónde están todos? -se preguntaba asustado. A partir de ese momento, buscó desesperadamente el rastro de su familia pero parecía inútil. Milagrosamente escapó de los dientes de un tiburón, engañó a un pulpo para tomar un poco de comida y estuvo a punto de ser atravesado por un pez espada. El pobre pececillo no podía de la angustia.
Al final, pensó que moriría solo y lejos de su familia y hubiese sido así si Lana no hubiera nadado de regreso para rescatarlo. Cuando de nuevo estaba con los suyos, Bruno llorando decía:
-¡Perdóname, mamá! Todo ha sido mi culpa por no ser sincero.
Así, no sólo Bruno, sino todos los peces jóvenes, entendieron el valor de la
sinceridad.

“La sinceridad nos une con fraternidad”

El aprendiz de mago

Valor: El respeto.

Joseph Jacobs

En una lejana aldea, vivía un mago que conocía todos los trucos del mundo, sabía hablar muchos idiomas, hacía hechizos y alejaba espíritus malignos. El tenía un libro muy grande, empastado en cuero y que se cerraba con un poderoso candado, allí había valiosas enseñanzas para ser un gran mago pero sólo podían ser leídas por él. El gran maestro salió de viajes un día y dejó encargado al joven aprendiz que le ayudaba en su taller. El muchacho, que era bastante imprudente, se puso a escarbar en las cosas del maestro, intentó hacer funcionar el espejo en que se veían todas las cosas del mundo y no lo logró, quiso después probar con la máquina que convertía los metales baratos en oro puro y tampoco pudo.

Descubrió el libro del mago que se hallaba abierto y leyó tartamudeando algunas frases, dichas esas mágicas palabras apareció un espíritu maligno, era feo, tenía ojos desorbitados y escupía fuego por la boca. Al ser invocado a su nuevo amo, dijo: ¿Para qué me llamaste? ¿Qué quieres que haga? El muchacho se asustó y dijo muy nervioso:

Riega las plantas.

El extraño y feo espíritu comenzó a derramar barriles de agua sobre las plantas, pero era tal la cantidad que la habitación ya estaba inundada. El muchacho no sabía que hacer, pues lentamente el nivel del agua iba subiendo, primero llegó a sus rodillas, luego le cubrió la cintura y le alcanzó hasta el pecho; cuando observó que podía morir ahogado subió a la mesa pero el espíritu seguía vaciando barriles por montones, fue tanta su desesperación que comenzó a gritar:

¡Auxilio, socorro! ¡Muero ahogado, auxilio!

Entonces apareció el gran mago, observó la escena y quedó asombrado; mirando a la cara a su joven aprendiz le
dijo:

¡No habrás leído el libro prohibido! ¿Acaso no sabes que sólo yo puedo hacerlo?, esto es un justo castigo a tu irrespeto.

El aprendiz pidió disculpas, imploró perdón, prometió guardar distancia y no meterse con lo ajeno. Entonces el sabio maestro dijo palabras mágicas y acabo con el hechizo:

¡Zarabandín, zarabandán, que este espíritu maligno desaparezca ya! Dicho esto, todo volvió a la normalidad y así el aprendiz de mago entendió la lección.

“El respeto enriquece nuestra vida”.

La Cajita de Besos.

La cajita de besos.

La historia cuenta que hace algún tiempo un hombre castigó a su hija de 5 años por desperdiciar un rollo de papel dorado para envolver regalos. Era el papel más bonito, y la pequeña lo usó para envolver una caja… El problema es que la familia tenía muy pocos recursos, tenían muy poco dinero, y el papá se molestó mucho cuando vio que la niña había pegado todo el papel dorado en una cajita que luego puso debajo del árbol de Navidad.

La niña se fue triste a dormir, y el papá enfadado. Sin embargo, la mañana siguiente era Navidad. La niña le trajo la cajita envuelta con el papel dorado a su papá:

– “Esto es para ti papá”.
El papá se sintió avergonzado por haberse molestado tanto la noche anterior, pero su enfado resurgió de nuevo cuando comprobó que la caja estaba vacía y le dijo en tono molesto:
– ¿Es que aún no sabes que cuando uno da un regalo debe haber
algo dentro?’.
La niña se dio la vuelta al verlo tan enfadado, y con lágrimas en sus
ojitos le dijo:
– ‘Pero papi, no está vacía. Le puse besitos hasta que se llenó’.
El papá estaba conmovido, cayó de rodillas, abrazó a su hijita y pidió que le perdonara su desconsiderado coraje. Cuentan que el papá conservó la cajita dorada junto a su cama por el resto de su vida. Y cuando la pequeña creció y se fue de casa para formar su propia familia, el papá, cada vez que se sentía sólo y desanimado, metía su mano en la cajita dorada y sacaba un besito imaginario de ella. No hay regalo más precioso que uno pueda recibir.

 

 

La llegada de la señorita Llave Inglesa
Viernes, 24 de Noviembre del 2017

 

       

La llegada de la señorita Llave Inglesa

 

Valores Educativos: Tolerancia-trabajo en equipo- Aceptación

Dentro de una caja de herramientas, en un rincón del sótano, vivían unos oxidados utensilios. Allí, nadie hablaba con nadie a menos que fuese para discutir o criticar y cada uno creía ser el mejor y el más fuerte: el destornillador no hablaba con el alicate, el serrucho vivía furioso enseñando sus terribles dientes, se decía que el martillo era un completo pesado y hasta los pequeños clavos tenían un carácter sumamente puntilloso. De verdad, podía decirse que aquella era una comunidad muy fría y que todos tenían un corazón de hierro (bueno, cierto es que estaban hechos de hierro).

     Un día, a la caja de herramientas llegó una nueva habitante: una brillante llave inglesa recién sacada de su estuche. ¡Qué reluciente era! En secreto, todos empezaron a admirarla y hubo algunos que incluso la miraban a escondidas con enamorados ojos, como el señor Serrucho a quien la belleza de la señorita inglesa hacía castañear los dientes.

     Sin embargo, todos allí eran demasiado orgullosos para iniciar un diálogo y Miss Llave no hablaba porque pensaba que se burlarían de su acento extranjero. De manera que las cosas continuaron como siempre en la fría y oscura caja de herramientas.

     Días después, horribles estruendos sacudieron la casa, las tuberías se rompían y el agua escapaba a chorros, el piso de madera crujía y las tomas de energía botaban chispas como furiosos dragones. ¡La tierra temblaba y toda la casa era un caos! Luego de un rato de susto y total silencio, alguien gritó: – ¡A trabajar todo el mundo! -. Así que todos tuvieron que dejar las caras largas para actuar en equipo dejando a un lado tanta intolerancia. Don Martillo entendió que sin los Clavos y sin Doña Sierra sería imposible arreglar el piso, la señorita Llave Inglesa estuvo aquí y allá colaborando en las labores de todos y sin ella la tubería no se hubiese podido reparar. Don Alicate y el señor Destornillador, trabajando en pareja, hicieron que se encendieran de nuevo las luces y entonces ¡Zas!, todos se miraron sorprendidos entendiendo que aunque seamos distintos, luzcamos y pensemos diferente, todos podemos aportar algo cuando trabajamos juntos. La casa quedó como nueva y aquella noche, en la animada fiesta de la caja de herramientas, Don Serrucho por fin bailó con la señorita Llave Inglesa.

“La Tolerancia nos conduce a la felicidad”

Soy Especial
Lunes, 13 de Noviembre 

       

 ¡Soy Especial!

Valor Educativo: Respeto y amistad
Idea y enseñanza principal: respeto y aceptación a los demás.

Había una vez, una tortuguita llama Rafi que vivía cerca de un lago muy bonito rodeado de frondosos árboles, arbustos y flores.

Cada día, se pegaba un chapuzón en el lago, y así hacía un poquito de ejercicio.

Cuando salía del agua, se tumbaba en la orilla, con la puesta de sol en el horizonte a deleitarse con la majestuosa figura y estilo de cisnes y patos de lago. Le encantaba ver lo armonioso de su nadar, de su estilo para permanecer en el agua. Siempre había envidiado a estos animales.

En más de una ocasión, intentó acercarse al grupo de aves, para entablar conversación, e intentar encajar en su grupo. Sin embargo,todos sus intentos amigables se vieron frustrados por el desprecio que estos animales le mostraban.

– Tú no eres como nosotros, y con esas patas y ese caparazón no puedes nadar con nosotros – le decía el más soberbio de los cisnes.
Además, eres muy fea y no nos gusta la gente fea.

– Perdona, no te molestaré más- le contestó muy triste Rafi, herida por las palabras que salían de tan bello animal.

Muy apenada, Rafi volvió a su casa, anhelando algún día ser aceptada por los animales que habitaban en el lago.

En una de sus excursiones al lugar, un día normal y corriente, mientras buceaba, se encontró con una pececita de lago.

– Hola, ¿cómo te llamas? – Le preguntó la pececita amigablemente.

– Me llamo Rafi, y soy una tortuga a la que le gusta mucho el lago y bucear en sus aguas.

– Genial!!! – Le contestó ella- Yo me llamo Marta. Ven conmigo y te presentaré a mis amigos.

Con el banco de peces se lo pasaba muy bien. Buceaban, charlaban, contaban chistes y jugaban a muchos juegos. Rafi había encontrado a sus verdaderos amigos, y se sentía llena de felicidad. Le habían aceptado tal y como era, con sus defectos y sus virtudes, sin importarle nada más.

Con sus nuevos amigos, le unía una amistad inquebrantable, por encima de muchas cosas superficiales que hasta el momento había priorizado y que ahora entendía que no eran más que eso, nada importante.

Y así Rafi entendió, que el ser diferente no es un obstáculo para la vida, sino algo que te hace especial. Ser diferente es bueno, porque si no el mundo sería aburridísimo. Y aunque los peces no eran tan bellos ni sofisticados como los cisnes y patos, descubrió que la amistad es algo que se lleva en el interior, y que ser buena persona no es sinónimo de belleza o popularidad.

Y buceando, buceando Rafi fue feliz con sus nuevos amigos, y vivieron felices y comieron muchísimas perdices.

Colorín, colarado, este cuento se ha acabado…

Don Ratón y Don Gato
Jueves, 25 de Octubre 

 

 

Don Ratón y Don Gato

 

 

Valor Educativo: Respeto y amistad

Idea y enseñanza principal: en una amistad el respeto hacia las otras personas, es importante.

 Don Ratón y Don Gato eran una pareja de amigos muy singular. Aunque normalmente los ratones y los gatos no se llevan bien, estos dos animalitos tenían una curiosa amistad.

A Don Ratón le gustaba la protección y seguridad que le daba Don Gato y a Don Gato le gustaba sentirse un héroe protegiendo a Don Ratón de los demás felinos.

Pero a Don Gato eso de ser un héroe se le subió a la cabeza, tanto que empezó a sentirse superior a Don Ratón. Al fin y al cabo, él era el más fuerte y el más poderoso de los dos. Y así se lo hacía notar una y otra vez a su amigo Don Ratón.

-No olvides, Don Ratón, que comemos gracias a mi astucia y a mi fuerza -repetía un día tras otro a la hora de comer.

-No olvides, Don Ratón, que ningún gato te ataca porque sabe que eres mi  amigo -decía siempre que salían a pasear.

-Recuerda siempre lo mucho que te he enseñado sobre la vida, Don Ratón, que sin mí estarías encerrado en cualquier agujero mugriento -decía cuando su pequeño amigo se mostraba incómodo por algo.

Un día, Don Ratón se cansó de tanta soberbia y altanería y se marchó sin más aprovechando la siesta de Don Gato. Cuando Don Gato despertó llamó a su amigo, como hacía siempre:

-Don Ratón, ya estoy despierto. Ya puedes peinarme el pelo y quitarme los piojos.

Pero Don Ratón ya estaba muy lejos, así que no hubo respuesta. Don Gato, que no había descubierto la marcha de su compañero, siguió llamándole.

-¿Dónde te has metido, Don Ratón? Tienes que ayudarme a limpiar mi cama, y a despistar a las señoras mientras cojo algo de sus cocinas para la cena.

-No insistas, Don Gato. Don Ratón se ha ido -le dijo Doña Paloma-. Se debió hartar de sentirse un miserable y se fue. Aunque parece que tú te las vas a arreglar bastante mal sin él.

Don Gato se dio cuenta de lo injusto y soberbio que había sido con su amigo.

-¿Sabes hacia dónde fue? -preguntó Don Gato a Doña Paloma-. Tengo que pedirle perdón a mi amigo.

Doña Paloma le indicó a Don Gato la dirección por la que se había ido Don Ratón, que no paró de correr hasta que lo encontró.

-Amigo, no te vayas -le dijo Don Gato a Don Ratón-. Siento haber sido tan malo contigo. Somos compañeros, nos necesitamos el uno al otro.

-¿Eso significa que no puedes vivir sin mí? -preguntó Don Ratón.

-Eso significa que mi vida es mucho mejor cuando la comparto contigo – respondió Don Gato-. Vale, la verdad es que no sé qué haría sin ti.

-Está bien, te perdono -dijo Don Ratón-. La verdad, ya me estaba preguntando cómo me las iba a arreglar yo solo esta noche.

Don Gato y Don Ratón no volvieron a tener ningún gran problema, salvo pequeñas discusiones que se solucionaban aplicando la única regla que debe existir para que cualquier relación entre dos individuos funcione: el respeto mutuo.

La Mantarraya altiva
Lunes, 21 Noviembre 2016 14:40

 

La paloma de la paz
Jueves, 06 Octubre 2016 09:42

 

Valor Educativo: La Paz

Idea y enseñanza principal: la mayor aspiración que debemos tener es que reine la paz en todo el mundo.

Hace miles de años hubo en Asia dos príncipes enemigos que constantemente se amenazaban aprovechando el menor pretexto.

Uno de ellos decidió declarar la guerra y ordenó a los habitantes de su nación que se prepararan  para luchar.

El otro príncipe aceptó el desafío. Sin embargo, como habían pasado más de quince años desde la última batalla, no recordaba dónde estaban guardadas su armadura y su ropa de combate. Cuando faltaba un día para el enfrentamiento pidió a su madre que le llevara su casco. La señora regreso con las manos vacías.

– ¿Por qué no lo trajiste?-le reclamó

– No pude cargarlo, pesa mucho – contesto ella.

– Yo mismo iré por él.

– No, por favor no lo toques –pidió la madre mientras le impedía el paso.

– ¿Cómo piensas que puedo ir a la guerra sin casco? –preguntó él.

– Mira hijo, dentro de tu casco, que estaba en el patio trasero, una paloma hizo su nido, y dentro de él hay tres pequeñas crías. Las palomas son las aves de la paz: nunca hacen daño a nadie. Todos los días su madre les trae de comer lo que encuentra. ¿Cómo puedo destruir su nido? Cuando vea que quiero tomar el casco, la madre se irá volando y dejará llorando a los polluelos. Eso traerá desgracias a nuestro país.

El príncipe no quería discutir con su madre y se presentó al combate sin casco. Al verlo, su enemigo quedó sorprendido.

– ¿Cómo se te ocurre combatir así?

– Mi madre halló que en el casco viven una paloma y sus polluelos. No quisimos hacer daño.

– El otro príncipe no podía creer lo que escuchaba y pidió a uno de sus hombres que comprobara si la historia era cierta.

– Pues sí. Dentro del casco hay tres palomas muy pequeñas con su madre. Se me hace que apenas rompieron el cascarón – confirmó el enviado.

Entonces el príncipe le tendió la mano a su enemigo.

– Hagamos la paz para siempre, le propuso. Tu madre no quiso destruir el nido de la paloma y sus polluelos ¿cómo podemos querer tú y yo destruir los hogares de miles de personas?

Desde aquel día, los dos reinos fueron amigos y la paloma se convirtió en símbolo de paz.-

 

El Respeto
Viernes, 09 Octubre 2015 11:02

El Mono Bromista
Jueves, 22 Enero 2015 11:54

¿Qué será mejor reírse de los demás o con los demás?

Idea y enseñanza principal: si somos respetuosos, los demás confiarán en nosotros.

Aquel era un mono alegre, aunque un bromista pesado. Un día vio al sapo dormido y  le cantó bien cerquita:

“De los animales  que duermen me gusta el sapo porque es bajito y gordo, panzón, con nariz corta y aplastada”.

El sapo se despertó asustado y, por un tiempo no pudo dormir tranquilo. Una mañana la tortuga caminaba muy despacio buscando una hoja rica para comer, cuando el mono pasó corriendo a su lado, gritando:

-¡Corran, corran todos, que se está incendiando el bosque!

La pobre tortuga caminó lo más rápido que pudo, medio muerta del miedo, hasta que el mono pasó y le dijo:

-¡Ja, ja ¡te lo creíste! ¡Era una broma! ¡Cómo se divertía el mono!

Un día, su fama del bromista llegó a los oídos de la zorra. De inmediato, decidió darle una lección. En cuanto vio al mono la zorra le dijo:

-Tengo un millón de bananas deliciosas, ¿quieres venir a cenar a la casa esta noche?.

– ¡Allí estaré! – respondió el mono.

Esa noche, marchó  muy feliz a la cueva de la zorra. Era una cueva muy oscura: la zorra estaba acostumbrada a ver en  la oscuridad, pero el mono no veía casi nada.

La zorra le presentó una gran fuente  llena de bananas. El mono se sirvió con y con gran  apetito, casi sin masticar, se devoró dos bananas. Cuando iba por la tercera, se dió cuenta de que… ¡estaban verdes! ¡Bananas verdes! ¡Era lo peor que le podía pasar a un mono! ¡Comer una banana verde, no. Peor! ¡Dos bananas verdes!.

-¡Estas bananas están verdes!- grito el mono, mientras se agarraba la panza.

Y la zorra respondió:

-¿Has visto? ¡Qué buena broma! ¿No te gustan las bromas?.

El mono, entonces, aprendió la lección de la zorra y ya no hizo más bromas pesadas.

Las bromas pesadas pueden ofender o perjudicar a los demás

y siempre son una falta de respeto.

 

Papá... Yo quiero ser como tú
Jueves, 22 Mayo 2014 09:48

Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal… Pero yo estaba de viaje… ¡tenía tantos compromisos!

Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, y comenzó a hablar cuando yo no estaba… ¡Cómo crece mi hijo!

¡Cómo pasa el tiempo!

A medida que crecía, mi hijo me decía:
quiero ser como tu-6

–  ¿Papá, algún día seré como tú? ¿Cuándo regresas a casa, papá?

–  No lo sé, hijo, pero cuando regrese, jugaremos juntos; ya lo verás.

Mi hijo cumplió once años hace pocos días y me dijo:

– ¡Gracias por la pelota, papá!, ¿quieres jugar conmigo?

– Hoy no hijo; tengo mucho que hacer.

– Está bien papá, otro día será.

Se fue sonriendo, siempre en sus labios las palabras: ¡Yo quiero ser como tú!.

Mi hijo regresó de la Universidad el otro día, todo un hombre.

–  Hijo, estoy orgullo de ti, siéntate y hablemos un poco.

–  Hoy no papá, tengo compromisos. Por favor, préstame el auto para visitar a algunos amigos.

Ahora ya estoy jubilado, y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé:

–  ¡Hola hijo, ¿cómo estás? ¡Me gustaría tanto verte! – le dije.

–  Me encantaría, padre, pero es que no tengo tiempo. Tú sabes, mi trabajo, los niños… ¡Pero gracias por llamar, fue increíble oír tú voz!

Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo había llegado a ser como yo…

 

Buscando la Paz
Martes, 20 Mayo 2014 11:02

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El Rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido…

¿Paz perfecta…? – ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda.

¿Sabes por qué?

Porque,  explicaba el Rey:

«Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado dela paz.»


Famina Famosina
Viernes, 14 Febrero 2014 09:14

Valor Educativo: El amor y la amistad

Idea y Enseñanza principalla importancia de conocer la verdadera amistad.

Famina Famosina era una niña muy popular en su colegio. Era ingeniosa y divertida, y no se llevaba mal con nadie. No era casualidad que Famina fuera popular; desde pequeñita se esforzó en ser amable y saludar a todo el mundo, invitaba a toda la clase a su cumpleaños, y de vez en cuando llevaba regalos para todos. Era una niña muy ocupada, con tantos amigos, que casi no tenía tiempo más que para estar un ratito con cada uno, pero se sentía la niña más afortunada, sin ninguna duda era la niña con más amigos del cole y del barrio. Pero todo cambió el día que celebraron en el colegio el día del amigo. Aquel día estuvieron jugando sin parar, haciendo dibujos y regalos, y al final del día, cada uno hizo tres regalos a sus tres mejores amigos. Famina disfrutó eligiendo entre tantísimos amigos como tenía, pero cuando todos habían terminado y habían entregado sus regalos, ¡Famina era la única que no tenía ninguno!.  Famina se llevó un disgusto terrible, y estuvo durante horas llorando sin parar «¿cómo era posible?», «¿tanto esfuerzo para tener tantos amigos, y resulta que nadie la consideraba la mejor amiga?».  Casi todos se acercaron un ratito a consolarla, pero se marchaban rápido, lo mismo que ella había hecho tantas veces. Y entonces comprendió que ella era buena amiga, compañera y conocida de mucha gente, pero no era amiga de verdad de nadie. Ella trataba de no contrariar a nadie, y hacer caso a todo el mundo, pero ahora descubría que eso no era suficiente para tener amigos de verdad. Así que cuando llegó a su casa hecha un mar de lágrimas, le preguntó a su madre dónde podía conseguir amigos de verdad.

– Famina, hija – respondió la madre – los amigos no son algo que se pueda comprar con una sonrisa o unas buenas palabras. Si quieres amigos y amigas de verdad, tendrás que dedicarles tiempo y cariño. Con un amigo de verdad tienes que estar siempre disponible, en las buenas y en las malas.

 Pero yo quiero ser amiga de todos, ¡tengo que repartir el tiempo entre todos!- protestó Famina.

– Hija, tú eres encantadora –respondió su madre- pero no se puede ser amigo íntimo de todo el mundo. No hay tiempo suficiente para estar siempre dispuesto para todos, así que tus amigos de verdad sólo pueden ser unos pocos. El resto serán buenos amigos y compañeros y Famina se fue decidida a cambiar para tener amigos de verdad. Y cuando estaba en la cama viendo qué podía hacer para conseguirlo, pensó en su madre: siempre estaba dispuesta a ayudarla, aguantaba todos sus disgustos y problemas, siempre le perdonaba, y la quería muchísimo… ¡eso era justo lo que hacen los amigos! Y sonrió de oreja a oreja, pensando que ya tenía la mejor amiga que se podía desear.

 

La Parábola del Rey
Viernes, 26 Febrero 2016 00:00

VALOR EDUCATIVO: 

La Honestidad y la Verdad

IDEA Y ENSEÑANZA PRINCIPAL:

Lo importante de decir la verdad y ser honesto ante cualquier situación que se presente.

Hubo una vez un rey que convocó a todos los solteros del reino, pues era tiempo de buscar pareja a su hija.

Todos los jóvenes asistieron y el Rey les dijo:

– «Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros… al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino».

Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla pero no germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosas y bellas plantas.

El joven estaba demasiado triste, pues su semilla nunca germinó, ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir, pues era un participante y debía estar allí.

Con la cabeza baja y  muy avergonzado, desfiló el último hacia el palacio con su maceta vacía. Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla. En ese momento el alboroto fue interrumpido por el ingreso del Rey, todos hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección, hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevo su maceta vacía. Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción.

El Rey dijo entonces:

– «Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas. Pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece».

 

 

Dos duendes y dos deseos
Viernes, 10 Mayo 2013 09:56

Valor educativo: Compañerismoduende

Idea y enseñanza principal: El compartir es un don maravilloso que todos poseemos y debemos aplicar con amigos y seres queridos.

Hubo una vez, hace mucho, muchísimo tiempo, tanto que ni siquiera el existían el día y la noche, y en la tierra sólo vivían criaturas mágicas y extrañas, dos pequeños duendes que soñaban con saltar tan alto, que pudieran llegar a atrapar las nubes.

Un día, la Gran Hada de los Cielos los descubrió saltando una y otra vez, en un juego inútil y divertido a la vez, tratando de atrapar unas ligeras nubes que pasaban a gran velocidad. Tanto le divirtió aquel juego, y tanto se rio, que decidió regalar un don mágico a cada uno.

– ¿Qué es lo que más desearías en la vida? Sólo una cosa, no puedo darte más – preguntó al que parecía más inquieto.

El duende, emocionado por hablar con una de las Grandes Hadas, y ansioso por recibir su deseo, respondió al momento.

– ¡Saltar! ¡Quiero saltar por encima de las montañas! ¡Por encima de las nubes y el viento, y más allá del sol!

– ¿Seguro? – dijo el hada – ¿No quieres ninguna otra cosa?

El duendecillo, impaciente, contó los años que había pasado soñando con aquel don, y aseguró que nada podría hacerle más feliz. El Hada, convencida, sopló sobre el duende y, al instante, éste saltó tan alto que en unos momentos atravesó las nubes, luego siguió hacia el sol, y finalmente dejaron de verlo camino de las estrellas.

El Hada, entonces, se dirigió al otro duende.

– ¿Y tú?, ¿qué es lo que más quieres?

El segundo duende, de aspecto algo más tranquilo que el primero, se quedó pensativo. Se rascó la barbilla, se estiró las orejas, miró al cielo, miró al suelo, volvió a mirar al cielo, se tapó los ojos, se acercó una mano a la oreja, volvió a mirar al suelo, puso un gesto triste, y finalmente respondió:

– Quiero poder atrapar cualquier cosa, sobre todo para sujetar a mi amigo. Se va a matar del golpe cuando caiga.

En ese momento, comenzaron a oír un ruido, como un gritito en la lejanía, que se fue acercando y acercando, sonando cada vez más alto, hasta que pudieron distinguir claramente la cara horrorizada del primer duende ante lo que iba a ser el tortazo más grande de la historia. Pero el hada sopló sobre el segundo duende, y éste pudo atraparlo y salvarle la vida.

Con el corazón casi fuera del pecho y los ojos llenos de lágrimas, el primer duende lamentó haber sido tan impulsivo, y abrazó a su buen amigo, quien por haber pensado un poco antes de pedir su propio deseo, se vio obligado a malgastarlo con él. Y agradecido por su generosidad, el duende saltarín se ofreció a intercambiar los dones, guardando para sí el inútil don de atrapar duendes, y cediendo a su compañero la habilidad de saltar sobre las nubes. Pero el segundo duende, que sabía cuánto deseaba su amigo aquel don, decidió que lo compartirían por turnos. Así, sucesivamente, uno saltaría y el otro tendría que atraparlo, y ambos serían igual de felices.

El hada, conmovida por el compañerismo y la amistad de los dos duendes, regaló a cada uno los más bellos objetos que decoraban sus cielos: el sol y la luna. Desde entonces, el duende que recibió el sol salta feliz cada mañana, luciendo ante el mundo su regalo. Y cuando tras todo un día cae a tierra, su amigo evita el golpe, y
se prepara para dar su salto, en el que mostrará orgulloso la luz de la luna durante toda la noche.

 

María y el Gallo Negro
Miércoles, 17 Octubre 2012 14:22

POR :SOFIA MATOS

Había una vez una niña que se llamaba María, que vivía en una granja junto a su madre y su hermano menor. En esa granja había caballos, cerdos, gallinas, gallos, patos y vacas. María era una niña con unos grandes y relucientes ojos pero…

Un día algo raro pasaba con los animales porque resulta que solo le hacían caso a María, menos un gallo y nadie entendía la razón. Cabe destacar que María era una niña muy floja, que le gustaba que los demás le hicieran las cosas. Un día María paseaba por el establo y noto que los caballos hacían todo lo que ella les dijera con tan solo ver sus preciosos ojos en ese momento María entendió que tenía poder, un poder que solo ella tenía y nadie más sabía.

Desde ese día hipnotizaba a todos los animalitos de la granja para que hicieran todo por ella. Pero este poder se estaba convirtiendo en un abuso ya que hacían todas las tareas, como lavar, hacer las tareas del hogar y cuidar a su hermano y todo antes de que su mamá llegara del trabajo.

Días después, el gallo que no podía ser hipnotizado por sus ojos se dio cuenta de que algo pasaba:

– Gallo:¿Pero qué crees que haces?
– Y María le respondió: Aprovecho las virtudes que me otorgaron ¿y qué?
– Gallo: María a ti te han dado poderes por algo, no así nada más y no te aproveches de lo que la naturaleza te dio por que se puede molestar contigo.
– María: ¿La naturaleza? Eso no existe… y deja el fastidio gallo que mi mamá esta por llegar.
– Gallo: La naturaleza lo es todo no olvides lo que te dije.

Al llegar a casa María se acostó a dormir y tuvo un sueño en el que perdió sus poderes y que no había más animales en la granja y que ella y su familia estaban a punto de entrar en la pobreza. En ese momento María se despertó y juro que desde ese día no sería más floja y que valoraría más lo que tenía.

Moraleja: El flojo trabaja doble y hay que apreciar las cosas que tienes

 

La Chayota Picada
Miércoles, 17 Octubre 2012 14:09

POR: CLARA MONIZ

Una vez en un sembradío no muy lejos de aquí, había un pequeño grupo de vegetales poco sembrados, olvidados por el consumidor y marginados, estos eran la Chayota pariente lejano de la Calabaza, de color verde claro, pequeña, rugosa y que colgaba de su planta trepadora; y la Curuba, prima lejana de la parchita, cuya forma era elíptica, de color amarillo-verdoso y que por dentro estaba rodeada de pequeñas semillas negras y plana, su sabor era muy ácido pero ¡olorosa eso sí!
Ellos son unos vegetales muy especiales, que poseen propiedades nutritivas casi mágicas, pero desconocidos por la mayoría de los comensales que preferían la papa, el brócoli y la zanahoria. La historia de ellos está por ser contada…

– ¡Apúrate Curuba bájate de tu mata enredadera que debemos elaborar un plan de ataque!.- Dijo la Chayota.
– ¡Ya voy, ya voy!- respondió la Curuba, que era muy calmada.

– Hoy es el día en que nos daremos a conocer y respetar, porque ya basta de ser olvidadas en todas las comidas.- dijo eufóricamente la Chayota que deseaba que la escogieran a ella para el esperado concurso gastronómico y no a la papa que siempre era elegida.-
Este es el plan:

1- Escapamos hacia el otro lado del sembradío, para hacer un aviso con señales luminosas y despertar a todos los vegetales.
2- Cuando todos estén aquí, tú Curuba, dirás las primeras palabras.
3- Después se iniciará la pelea.
4- Finalmente ganaremos, seremos respetados por todos y además nos elegirán para la preparación del gran plato.

¡El plan está en marcha! Siendo de noche toman una linterna y despiertan todo el sembradío.
– Disculpen la interrupción de sus sueños amigos. Esta noche presenciaran una batalla histórica, con una sola oportunidad- dijo la Curuba y continuó diciendo elevando la voz:

– ¡En esta esquina la Chayota enojada, con un peso de 1Kg! ¡Y en esta otra la engreída papa marrón a la que siempre usan en la concina, con peso de 500 gr!
Riiinnnggg!!!!! (Sonó la campana y empezó la pelea).

La Chayota empieza con el primer golpe, en uno directo sobre la cara.
Luego golpea a la papa en el estómago. Pero la papa no se queda atrás, golpea al atacante con bofetadas y enseguida una llave.

– ¡Y la Chayota gana y gana!!! Toma a la papa por ambos pies y la batuquea de un lado para el otro. ¡Uyyyy! La hizo puré. ¡Vence la Chayota!!!! – Comentó la Curuba.
La Chayota sale con los brazos en alto y una medalla en cuello, pero el público empezó a abuchear y a gritarle a la Chayota por su violencia y haber hecho puré a la papa.

– Buuuuuu!!!!! Cruel Chayota, por qué tanta violencia, por qué no te defiendes con argumentos!!!!! Así no te van a escoger nunca para cocinarte! – dijeron los demás vegetales indignados por el espectáculo.

La Chayota se quedó sorprendida por la respuesta del público y decidió darles una disculpa.
– Lo siento amigos ahora me doy cuenta que lo que hice tuve estuvo mal. Pero es que siempre me pregunté: ¿Por qué papa es tan importante y descarada que siempre la escogen para todos los platos?

Entonces el Brócoli, que era uno de los vegetales más sabios del lugar, explicó:
– ¡Todos somos importantes!. Tú Chayota, por ejemplo, sirves para hacer ricas y exóticas ensaladas y tú amiga la Curuba, para hacer ricos jugos y calmar a los nerviosos. El hecho de que la papa sea consumida masivamente no quiere decir que ella sea más importante que otros. ¡Todos tenemos una virtud!
Así la Chayota y la Curuba se serenaron y durmieron tranquilos.

A la mañana siguiente estos vegetales, sin darse cuenta, por estar profundamente dormidos, fueron trasportados a la gran competencia “Del Vegetariano 2012”
Una vez allí, la Chayota fue asada, vaporada y parmezanada y luego bañada en una exquisita salsa. Mientras que la Curuba se convirtió en un delicioso cóctel que fascino a los comensales. Ambos ganaron la competencia siendo reconocidos como los más gustosos y jugosos vegetales del año!
FIN ¡

 

Los Amigos Peleones
Miércoles, 17 Octubre 2012 13:44

Por: AILIN BARRAZA

Había una vez un hombre llamado Eustaquio que salió un día de su casa, alto, forzudo, blanco, narigón, ojos cafés y con un abrigo negro, son su maleta ejecutiva para ir al trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un papel importante. Enrique un vecino, vio caer el papel, y pensó:

-¡Qué descarado, el vecino va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!
Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche salió de su casa preguntando a los demás vecinos donde quedaba la casa de forzudo narigón, para vaciar su papelera junto a la puerta de la casa de Eustaquio. María su vecina más cercana le dijo que quedaba a dos casa de la suya y luego a la derecha.
Eustaquio estaba mirando por el picaporte de su puerta en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día en el trabajo. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa, para que la desemplearan.

Pero no quiso decir nada, y se puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales, la bulla y los malos olores.
Para éste, como estaba seguro que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.

Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la cerca, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó la casa de dos vecinos…

Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo una habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces ambos se convencieron de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones, de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie…

Y así hablando, como aquellos dos vecinos terminar siendo amigos, los que le fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.

Al Final del Arcoíris
Miércoles, 17 Octubre 2012 12:01

Por: Isabel Pineda

Había una vez una aldea muy pero muy lejana donde todos creían en los cuentos y leyendas, donde no creían en la palabra imposible y nunca se daban por vencidos, un lugar donde todos eran felices pero a la misma vez trabajadores, un lugar que no muchos conocían pero algunas vez escucharon de él, ¿El vale paraíso… la pradera de la felicidad?. No importaba, solo se necesitaba saber que era un sitio especial.

En este maravilloso lugar vivían dos niños, el pequeño Topa y la pequeña Muny, eran dos hermanos que habían nacido el mismo día, eran muy parecidos pero a la vez muy diferentes, Topa y Muny tenían los ojos azules como el mar, el cabello amarillo como el sol y una gran sonrisa, eran unos hermanos que la gente tendía a decir que eran iguales, pero se equivocaban ya que eran totalmente parecidos por fuera pero cuando los conocías veías que eran totalmente diferentes por dentro. Muny era una niña súper imaginativa, le encantaban las historias y cuentos siempre le contaba su abuela y siempre estaba dispuesta a ayudar, en cambio, Topa eran un niño un poco materialista, solo le importaba tener mejores juguetes que sus amigos y nunca pensaba en los demás, ellos vivían solo con su abuela en una pequeña casita que estaba en el pueblo, sus mayores pasatiempos eran correr en el patio de la casa y perseguirse hasta cansarse.

Aunque ellos compartían muchas cosas, había una especial, la idea de que al final del arcoíris había algo mas aparte de una nube, Muny creían que al final del arcoíris podría haber un prado hermoso donde habría magos, duendes, hadas y princesas, en cambio su hermano Topa creía que habían millones y millones de juguetes con los que podría jugar y nunca aburrirse.

Ellos siempre habían soñado con ir pero su abuelita no los dejaba, hasta que un día su abuelita se enfermo y no paraba de toser, nadie en el pueblo sabia como ayudarla, Muny estaba muy triste y quería ayudar a su abuela, así que decidió contarle todo lo que podía encontrar al final del arcoíris, todas las hadas y duendes que podrían llegar a ayudarla a curarse, la abuela no muy convencida le creyó la historia a la pequeña niña ya que ella se pasaba contando historias parecidas y la dejo ir con la condición de que tuviera mucho cuidado y fuera con su hermano Topa, el estaba decidido de que quería ir ya que quería todos los juguetes que estaban allí, así que esperaron hasta que el primer arcoíris saliera para poderse ir. Esperaron el arcoíris como por diez minutos ya que había empezado a llover y este había aparecido enseguida gracias al sol que aun se encontraba allí.

Topa y Muny no habían tenido mucho tiempo de empacar así que solo agarraron dos pequeños bolsos rojos que tenían y decidieron caminar hacia el arcoíris con una pequeña lista de instrucciones que tenían, estas eran:

1. Siempre guiarse del arcoíris
2. Evitar los ríos y montañas
3. Nunca perder la esperanza

Topa y Muny caminaron y caminaron siguiendo el arcoíris, hasta que de un momento a otro este empezó a desaparecer dejándolos sin saber a dónde ir, antes de seguir caminando sin rumbo Topa y Muny se sentaron al lado de un árbol a pensar que podían hacer ya que no se acordaban del camino de regreso a casa y no sabían donde quedaba el final del arcoíris. Muny después de un rato de pensar le dijo a Topa que iban a tener que esperar que saliera otro pero Topa estaba muy desesperado por llegar y le empezó a gritar a Muny diciéndole que quería llegar ya, quería ver sus juguetes y quería regresar para mostrárselos a todos sus amigos, Muny se molesto mucho ya que Topa solo pensaba en él y no en la salud de su abuela ni en lo angustiada que estaba ella por haberse perdido, lo regaño y le dijo que no todo podía ser como él quería, que él no era el centro del universo y que lo único que importaba en el mundo no eran las cosas materiales, Topa se quedo un poco apenado por lo que había hecho y se dio cuenta que lo que en verdad importaba era llegar al final del arcoíris para ver si encontraban la forma de curar a su abuela, cuando Topa estaba a punto de pedirle disculpas, el cielo se puso gris y empezó a llover, se tuvieron que cubrir debajo de un árbol para no mojarse, tenían suerte de que era un árbol grande con un tronco súper ancho y tenía unas hojas gigantes que paraban las gotas de agua.

Se quedaron debajo de este árbol por un rato hasta que empezó a parar de llover, cuando ya no había casi lluvia Topa se acerco a Muny y le pidió disculpas por su comportamiento, ella lo perdono y lo abrazo hasta que se dieron cuenta que estaba apareciendo otro arcoíris, pero este era mejor ya que parecía que estaba más cerca y los alegro a ambos haciéndolos caminar lo más rápido que podían para acercarse a él.

Poco a poco se acercaban mas y mas, luego vieron a lo lejos que el final del arcoíris estaba detrás de una gran montaña, empezaron a subirla decididos a no parar hasta llegar al final.

Cuando llegaban a la cima de la montaña se dieron cuenta que los empezaron a rodear nubes ¿habían llegado¿ ¿era el lugar que tanto esperaban?
Muny esperaba encontrar nubes rosadas de sabor, hadas volando por todas partes, magos haciendo hechizos sin parar, princesas bailando hasta el atardecer. Topa dejando de ser tan egocéntrico y materialista pensó que podrían encontrar un gran mago que los ayudara a algo por el estilo pero no, no era lo que esperaban, estaba totalmente desierto, solo podían ver nubes, se decepcionaron por lo que encontraron, ya no podían hacer nado, ni siquiera sabían cómo volver, estaban a punto de soltar unas pequeñas lagrimas cuando algo interrumpió su silencio, era una pequeña risa algo se acercaba.

Se asustaron un poco así que decidieron irse pero la volvieron a escuchar, esta vez estaba más cerca, no sabían qué hacer, hasta que de repente vieron unos pequeños pies acercándose, no eran como cualquier piececitos eran verdes, subieron un poco más la mirada y pudieron notar que había un pequeño hombre, tenía el cabello naranja, las orejas puntiagudas, los ojos y los pies pequeñitos, era un duende, habían encontrado un duende.
El duende estaba sorprendido de que dos pequeños niños como ellos hayan llegado al final del arcoíris así que les empezó a hacer diferentes tipos de preguntas, Topa y Muny estaban un poco atontados por lo que estaban viendo y se tardaban en responder.

Muny después de estar un rato con el duende le pregunto si no habría un mago o un hada que los pudiera ayudar con el problema de su abuela y el duende les respondió que no, haciendo que Topa y Muny se sintieran un poco tristes, el duende, luego de ver la reacción de los chicos los miro y les dijo:
-Chicos yo no tiendo hacer esto, pero ustedes son un caso especial, yo no soy solo un simple duende, yo soy un duende mágico que les puede cumplir un solo deseo, los he estado observando desde el primer momento que empezaron a perseguir el arcoíris, los vi cuando estaban perdidos, cuando se pelearon, cuando se reconciliaron, en verdad me parece que se merecen este deseo, dejaron de pensar en ustedes y empezaron a pensar en alguien que en verdad les importa, asi que, ¿Qué desean?

Al Topa y Muny escuchar esto quedaron sorprendidos, se miraron a la cara y al mismo tiempo dijeron:
-deseamos que nuestra abuela se cure.

El duende sonrió y de repente todo se puso blanco, cuando ya se podían detallar más las cosas los niños notaron que estaban en la cabaña con su abuela y ella no estaba tosiendo ni nada por el estilo, los niños se voltearon para agradecerle al duende pero este había desaparecido y dejado una nota que decía:

“NUNCA DEJEN DE CREER”

Furmiga, El Fútbol De Las Hormigas
Miércoles, 28 Marzo 2012 09:54

Valor Educativo: La tolerancia.

Idea y enseñanza principal: Los deportes son sólo un juego al que no se deben llevar ningún tipo de tensiones ni rencores.

Por aquellos días, el gran árbol hueco estaba rebosante de actividad. Se celebraba el campeonato del mundo de furmiga, el fútbol de las hormigas, y habían llegado hormigas de todos los tipos desde todos los rincones del mundo. Allí estaban los equipos de las hormigas rojas, las negras, las hormigas aladas, las termitas… e incluso unas extrañas y variopintas hormigas locas; y a cada equipo le seguía fielmente su afición. Según fueron pasando los partidos, el campeonato ganó en emoción, y las aficiones de los equipos se fueron entregando más y más, hasta que pasó lo que tenía que pasar: en la grada, una hormiga negra llamó «enanas» a unas hormigas rojas, éstas contestaron el insulto con empujones, y en un momento, se armó una gran trifulca de antenas, patas y mandíbulas, que acabó con miles de hormigas en la enfermería y el campeonato suspendido.

Aunque casi siempre había algún problema entre unas hormigas y otras, aquella vez las cosas habían llegado demasiado lejos, así que se organizó una reunión de hormigas sabias. Estas debatieron durante días cómo resolver el problema de una vez para siempre, hasta que finalmente hicieron un comunicado oficial:

«Creemos que el que todas las hormigas de un equipo sean iguales, hace que las demás actúen como si se estuvieran comparando los tipos de hormigas para ver cuál es mejor. Y como sabemos que todas las hormigas son excelentes y no deben compararse, a partir de ahora cada equipo de furmiga estará formado por hormigas de distintos tipos» Aquella decisión levantó un revuelo formidable, pero rápidamente aparecieron nuevos equipos de hormigas mezcladas, y cada hormiga pudo elegir libremente su equipo favorito. Las tensiones, a pesar de lo emocionante, casi desaparecieron, y todas las hormigas comprendieron que se podía disfrutar del deporte sin tensiones ni discusiones.

Un buey llamado Hermoso
Miércoles, 28 Marzo 2012 09:35

Valor: El Respeto

En un país muy lejano, hace mucho tiempo, nació un tierno becerro. Fue adquirido por Amir, un hombre rico, que lo llamó Hermoso. Amir lo atendía adecuadamente y lo alimentaba con lo mejor. Cuando Hermoso se convirtió en un buey grande y potente, pensaba con gratitud: “Mi amo me dio todo. Me gustaría agradecer su ayuda”.

Un día, Hermoso le propuso:

—Mi señor. Busque a algún ganadero orgulloso de sus animales. Dígale que puedo tirar de cien carros cargados al máximo. Amir aceptó y visitó a un mercader.

—Mis bueyes son los más fuertes

—comentó éste.

—No. El mío puede tirar de cien carros cargados

—respondió Amir. Apostaron mil monedas de oro y fijaron un día para la prueba. El mercader amarró cien carros llenos de arena para volverlos más pesados. Cuando comenzó la prueba, Amir se subió al primero.

No resistió el deseo de darse importancia ante quienes lo veían. Hizo sonar su látigo y le gritó a Hermoso:

—Avanza, animal tonto, muévete de una vez.

Hermoso pensó: “Nunca he hecho nada malo y mi amo me insulta”.Por ello permaneció fijo en el lugar y se resistió a tirar.

El mercader rió y pidió el pago de las monedas.

Cuando volvieron a casa Hermoso le preguntó a Amir

: — Amo. ¿Por qué estás tan triste?

—Perdí mucho dinero por ti. Contestó Amir.

—Me diste con el látigo. Me llamaste tonto. Dime, en toda mi vida rompí algo?, ó te causé algún perjuicio?

—preguntó Hermoso.

—No—respondió el amo.

—Entonces ¿por qué me ofendiste? La culpa no es mía, sino tuya… Pero como me da pena verte así, acude con el mercader y apuesta de nuevo: que sean dos mil monedas. Eso sí: usa conmigo sólo las palabras que merezco.

El mercader aceptó pensando que volvería a ganar. Todo estuvo listo para la nueva prueba. Cuando Hermoso tenía que tirar de los carros, Amir le tocó la cabeza con una flor de loto y le pidió

: —Hermoso, podrías hacerme el favor de jalar estos cien carros? Hermoso obedeció de inmediato y con gran facilidad los desplazó. Incrédulo, el mercader pagó las dos mil monedas de oro. Quienes presenciaron la sorprendente muestra de su fuerza llenaron al buey de mimos y obsequios. Pero más que el dinero, Amir apreció la lección de humildad y respeto que había recibido.

 

El príncipe y el juguetero
Miércoles, 28 Marzo 2012 09:34

Valor: Aprender a valorar sus pertenecías y compartir

Había una vez un pequeño príncipe acostumbrado a tener cuanto quería. Tan caprichoso era que no permitía que nadie tuviera un juguete si no lo tenía él primero. Así que cualquier niño que quisiera un juguete nuevo en aquel país, tenía que comprarlo dos veces, para poder entregarle uno al príncipe.

Cierto día llegó a aquel país un misterioso juguetero, capaz de inventar los más maravillosos juguetes. Tanto le gustaron al príncipe sus creaciones, que le invitó a pasar todo un año en el castillo, prometiéndole grandes riquezas a su marcha, si a cambio creaba un juguete nuevo para él cada día. El juguetero sólo puso una condición: Mis juguetes son especiales, y necesitan que su dueño juegue con ellos – dijo – ¿Podrás dedicar un ratito al día a cada uno? ¡Claro que sí! – respondió impaciente el pequeño príncipe- Lo haré encantado.

Y desde aquel momento el príncipe recibió todas las mañanas un nuevo juguete. Cada día parecía que no podría haber un juguete mejor y cada día el juguetero entregaba uno que superaba todos los anteriores.

El príncipe parecía feliz, Pero la colección de juguetes iba creciendo, y al cabo de unas semanas, eran demasiados como para poder jugar con todos ellos cada día.

Así que un día el príncipe apartó algunos juguetes, pensando que el juguetero no se daría cuenta. Sin embargo, cuando al llegar la noche el niño se disponía a acostarse, los juguetes apartados formaron una fila frente él y uno a uno exigiendo su ratito diario de juego. Hasta bien pasada la medianoche, atendidos todos sus juguetes, no pudo el pequeño príncipe irse a dormir.

Al día siguiente, cansado por el esfuerzo, el príncipe durmió hasta muy tarde, pero en las pocas horas que le quedaban al día tuvo que descubrir un nuevo juguete y jugar un ratito con todos los demás. Nuevamente acabó tardísimo, y tan cansado que apenas podía dejar de bostezar.

Desde entonces cada día era aún un poquito peor que el anterior. El mismo tiempo, pero un juguete más. Agotado y adormilado, el príncipe apenas podía disfrutar del juego. Y además, los juguetes estaban cada vez más enfadados y furiosos, pues el ratito que dedicaba a cada uno empezaba a ser ridículo.

En unas semanas ya no tenía tiempo más que para ir de juguete en juguete, comiendo mientras jugaba, hablando mientras jugaba, bañándose mientras jugaba, durmiendo mientras jugaba, cambiando constantemente de juego y juguete, como en una horrible pesadilla. Hasta que desde su ventana pudo ver un par de niños que pasaban el tiempo junto al palacio, entretenidos con una piedra.

Hummm, ¡tengo una idea! – se dijo, y los mandó llamar. Estos se presentaron resignados, preguntándose si les obligaría a entregar su piedra, como tantas veces les había tocado hacer con sus otros juguetes.

Pero no quería la piedra. Sorprendentemente, el príncipe sólo quería que jugaran con él y compartieran sus juguetes. Y al terminar, además, les dejó llevarse aquellos que más les habían gustado. Aquella idea funcionó. El príncipe pudo divertirse de nuevo teniendo menos juguetes de los que ocuparse y lo que era aún mejor, nuevos amigos con los que divertirse. Así que desde entonces hizo lo mismo cada día, invitando a más niños al palacio y repartiendo con ellos sus juguetes.

Y para cuando el juguetero tuvo que marchar, sus maravillosos 365 juguetes estaban repartidos por todas partes y el palacio se había convertido en el mayor salón de juegos del reino.

 

El regalo mágico del conejito pobre
Miércoles, 28 Marzo 2012 09:07

Idea y enseñanza principal: Mostrar que la generosidad y el dar a los demás suelen revertir en uno mismo de la forma más imprevista y más grandiosa.

Imagen1Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas.»Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas» El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar.»Dame algo, por favor», le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas. Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho! Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!

Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos.

 

Mirando por la Ventana
Miércoles, 28 Marzo 2012 09:07

Valor educativo: Amistad y cariño

Idea y enseñanza principal: Los amigos están para animar en los malos momentos

Había una vez un niño que estaba muy enfermo. Tenía que estar todo el día en la cama sin poder moverse. Como además los niños no podían acercarse, sufría mucho por ello, y empezó a dejar pasar los días triste y decaído, mirando el cielo a través de la ventana.

Pasó algún tiempo, cada vez más desanimado, hasta que un día vio una extraña sombra en la ventana: era un pingüino comiendo un bocado de chorizo, que entró a la habitación, le dio las buenas tardes, y se fue. El niño quedó muy extrañado, y aún no sabía qué habría sido aquello, cuando vio aparecer por la misma ventana un mono en pañales inflando un globo. Al principio el niño se preguntaba qué sería aquello, pero al poco tiempo, mientras seguían apareciendo personajes locos por aquella extraña ventana, ya no podía dejar de reír, al ver un cerdo tocando la pandereta, un elefante saltando en cama elástica, o un perro con gafas que sólo hablaba de política.

Aunque por si no le creían no se lo contó a nadie, aquellos personajes terminaron alegrando el espíritu y el cuerpo del niño, y en muy poco tiempo este mejoró notablemente y pudo volver al colegio.

Allí pudo hablar con todos sus amigos, contándoles las cosas tan raras que había visto. Entonces, mientras hablaba con su mejor amigo, vio asomar algo extraño en su mochila. Le preguntó qué era, y tanto le insistió, que finalmente pudo ver el contenido de la mochila:

¡¡Allí estaban todos los disfraces que había utilizado su buen amigo para intentar alegrarle!!

Y desde entonces, nuestro niño nunca deja que nadie esté solo y sin sonreír un rato.